Revisando necrológicas, uno se percata de que para la mayoría de los mortales, su necrológica cuando alguien la escribe y publica es el único impacto mediático y/o comunicativo que tendrá en toda su existencia.
Existe en ese momento de trance el intento de divulgar quien era (nombre, apellidos, familiares), que hacía (su posición, cargo), los honores recibidos (medallas, premios, distinciones), de donde era ( normalmente se le da sepultura en el cementerio del barrio donde nació, siguiendo aquella màxima que volvemos a
morir a casa, a reposar con los antepasados).
morir a casa, a reposar con los antepasados).
Parece que es el momento en que le queremos reconocer toda su contribución
y lo queremos divulgar a la sociedad.
¿Porque ese reconocmiento en ese momento y no antes?. El difunto ya no se
percata, ya no disfrutará de su impacto mediático.
En la era Internet, muchas de estas necrológicas perduraran on-line mientras dure esa web, su gestor, la empresa que la opera. Se pueden acompañar de fotos, videos, cartas, músicas, libros, .... Las instituciones y compañías archivan sus registros.
No nos merecemos todos los seres, estando en vida uno o varios reconocimientos de este tipo?. No nos estimularía, daría nuevas energías, alegrías, ...?. Como una bibliografia viviente, continua.
Cualquier momento de nuestra vida como seres anónimos es un buen momento
para un reconocimiento.
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